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¿Cómo se produce el hormigón? El proceso de producción del hormigón paso a paso

¿Cómo se produce el hormigón? El proceso de producción del hormigón paso a paso

Eche un vistazo a su alrededor. Los edificios que ve, los puentes, la casa donde vive, la carretera que pisa... probablemente se mantienen en pie gracias al hormigón. El hormigón está en casi todas partes. Pero ¿cómo consigue este material ser tan resistente? No se trata solo de mezclar cemento, arena y agua, hay un poco más de detalle. Vamos, entremos entre bastidores para ver cómo se hace exactamente.

¿Qué es el hormigón y dónde se utiliza?


Lo que llamamos hormigón se compone básicamente de tres cosas: cemento, agua y agregado (es decir, arena y grava). A esta receta principal a veces se le pueden añadir algunos aditivos químicos o minerales para llevar el trabajo aún más lejos.

Cuando estos materiales se juntan, comienza un fenómeno químico llamado «hidratación». Gracias a esta reacción, esa mezcla parecida al barro se endurece con el tiempo, se vuelve tan resistente como la roca que conocemos y alcanza esa formidable resistencia.

Los lugares donde se utiliza el hormigón prácticamente no tienen límite. Se utiliza en los cimientos de las viviendas, en los pilares, en las carreteras, en las pistas de aeropuerto, en las pilas de los puentes, en los cuerpos de las presas e incluso en esculturas artísticas. A los ingenieros y arquitectos les encanta el hormigón porque pueden darle la forma que quieran y porque es muy resistente.

¿Cuáles son los materiales utilizados en la fabricación del hormigón?


Un buen hormigón empieza con buenos materiales. Cada uno tiene su propia función:

Cemento: Es el «pegamento» de la mezcla. En cuanto entra en contacto con el agua, comienza la reacción y se convierte en el principal aglutinante que endurece y pega todos los materiales entre sí. Generalmente se utiliza cemento Portland.

Agregados: Es el esqueleto del hormigón. Piense en la arena (agregado fino) y en la grava o la piedra triturada (agregado grueso). Ellos constituyen la mayor parte del volumen del hormigón y proporcionan su durabilidad. Es imprescindible que el agregado esté limpio, sea resistente y tenga distintos tamaños (granulometría) para lograr una estructura fuerte y sin huecos.

Agua: Es el «detonante» de la reacción. Al reaccionar con el cemento, inicia el proceso de endurecimiento (hidratación). Es muy importante que el agua utilizada esté limpia; el agua salada, ácida o aceitosa puede arruinar la resistencia del hormigón.

Aditivos: Son las «vitaminas» del hormigón. Añadidos en cantidades muy pequeñas, pueden cambiar por completo las propiedades del hormigón. Por ejemplo, existen aditivos que hacen que el hormigón sea más fluido (fluidificantes), que evitan que se congele con mucho frío o que ralentizan su secado rápido con mucho calor (retardadores de fraguado).

El proceso de producción del hormigón paso a paso


La producción del hormigón consta de una serie de pasos que deben controlarse minuciosamente cada uno.

1. Preparación de la receta (fase de diseño)

La producción del hormigón en realidad empieza antes de la hormigonera. El primer paso es crear una «receta». Los ingenieros diseñan una mezcla teniendo en cuenta dónde se utilizará el hormigón (¿unos cimientos o un pilar?), qué resistencia debe tener y qué fluidez debe presentar (para colocarse fácilmente en el encofrado).

La regla más crítica aquí es la relación agua/cemento. Cuanta menos agua utilice (lo justo para completar la reacción, por supuesto), más denso y resistente será el hormigón. El exceso de agua debilita la mezcla. Este diseño debe cumplir todas las especificaciones técnicas del proyecto.

2. Pesaje preciso y mezcla en seco

Una vez lista la receta, el cemento procedente de enormes silos y los agregados procedentes de las tolvas (compartimentos) se pesan en balanzas de precisión. Aquí todo se mide en kilos, nada se hace a ojo.

Uno de los pasos de control de calidad más importantes entra en juego también aquí: se mide la humedad del agregado. Si la arena está mojada por la lluvia, esa agua «adicional» se descuenta del agua total de la receta. Así, la relación agua/cemento nunca se desvía. Todos los materiales secos pesados (agregado y cemento) se transfieren a la hormigonera para mezclarse.

3. El toque «mágico»: agua y aditivos

Mientras la mezcla seca está en la hormigonera, entra en juego exactamente la cantidad de agua calculada y esos aditivos químicos que llamamos «vitaminas». El ajuste de estos aditivos es tan preciso que sus dosis se realizan en mililitros.

4. Mezclado a fondo y ensayo de consistencia

Cuando todos los materiales están en la hormigonera, esta empieza a girar. Cuánto girará depende del tipo de hormigonera. Lo importante es que cada grano de arena y de grava quede bien recubierto de agua cementosa (pasta de cemento). Es decir, cada punto de la mezcla debe ser igual a los demás, se debe lograr una homogeneidad total.

Cuando el hormigón está listo, se realiza el «ensayo de asentamiento (slump)» para controlar su consistencia. Es un ensayo de campo rápido que nos permite saber cuán fluido (o firme) es el hormigón.

5. Viaje a la obra y colocación

El hormigón homogéneo se carga en esos famosos camiones hormigonera (camión mezclador) que giran constantemente por las carreteras y parte de inmediato hacia la obra. Es una carrera, porque el hormigón empieza a fraguar (a endurecerse) mientras está en camino.

En la obra, el trabajo del hormigón vertido en los encofrados no termina. Se vibra con unas herramientas llamadas «vibradores». Esta operación expulsa las burbujas de aire atrapadas dentro de la mezcla y permite que el hormigón se asiente en cada rincón del encofrado. Burbuja de aire = debilidad.

Después del vertido, comienza el «curado». Es la operación de mantener el hormigón húmedo (regándolo o cubriéndolo). Este proceso de «cuidado» es de vital importancia para que el hormigón alcance su resistencia de diseño.

Factores que afectan a la calidad del hormigón

Relación agua/cemento: Esta es la regla más fundamental del hormigón. Cuanta más agua haya, más se debilita el hormigón y más propenso se vuelve a las filtraciones de agua. En resumen, el exceso de agua estropea el hormigón.

Tiempo de mezclado: Esto también es cuestión de equilibrio. Si no mezcla lo suficiente, los materiales no se integran del todo y algunas partes del hormigón quedan débiles. Pero si hace funcionar la hormigonera más de lo necesario, esta vez los materiales empiezan a separarse (la grava se deposita en el fondo) o los productos químicos que ha añadido pierden todo su sentido.

Calidad de los materiales: Por muy bien que mezcle, si los materiales son malos, el resultado también será malo. No puede esperar una estructura sólida con arena que contiene barro o con cemento caducado.

Condiciones meteorológicas: El tiempo es muy importante al verter el hormigón. El calor abrasador «roba» al instante el agua del hormigón, lo que invita a la aparición de grietas. Al contrario, el frío glacial ralentiza esa reacción química (la hidratación), e incluso la lleva al punto de detenerse.


Método moderno: producción en central de hormigón


Ya nadie mezcla el hormigón con pala en la obra. Para este trabajo existen enormes instalaciones llamadas «central de hormigón», que lo gestionan todo por ordenador. Los sistemas modernos como las centrales de MEKA manejan todo este proceso de forma automática y sin errores.

Los agregados y el cemento se mantienen listos para su uso en los enormes silos y zonas de almacenamiento de estas instalaciones.

Desde la pantalla del ordenador, el operador solo selecciona la receta de hormigón deseada.

El sistema pesa cada material al gramo y lo transporta automáticamente a una enorme hormigonera central.

El agua y los aditivos químicos se añaden a la mezcla en el momento justo, de nuevo mediante sistemas de medición de precisión (dosificación).

La hormigonera de alta capacidad homogeneiza rápidamente todos los materiales.

El hormigón ya listo se carga en el camión hormigonera y se envía a la obra.

Gracias a esta automatización, es posible producir hormigón de la misma calidad cada vez y en cada camión, evitar el desperdicio de materiales y acelerar todo el proceso.

Conclusión

Como puede ver, hacer hormigón no es solo «mezclar», sino un trabajo de ingeniería cuyos pasos se siguen atentamente uno a uno. Sin los materiales adecuados, una proporción perfecta, un mezclado ideal y una aplicación cuidadosa, sería imposible construir esas estructuras sólidas en las que confiamos. Las centrales de hormigón modernas son precisamente la tecnología que, al llevar este complejo proceso a un estándar impecable, nos permite construir ciudades seguras.

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